El altísimo costo de ser fanático
Seguir un deporte en 2026 ya no es solo una pasión; es una decisión financiera.
Queriendo ver el primer juego de las finales de la NBA hice lo habitual de poner ABC en "mi cajita de cable" ya que se que ese canal estadounidense tiene los derechos de este evento deportivo, para mi sorpresa el canal estaba bloqueado y al indagar en la cuenta de instagram de mi proveedor me entero que los "Streaming Rights para Latam" los tiene Prime Video de Amazon, osea que para disfrutar de las finales necesito:
- Una subscripcion a Amazon PRIME de US$ 140.00.
- Tener un dispositivo para streaming ya sea un AppleTV [US$ 149.00], Fire Stick [US$ 59.99] o una TV inteligente.
- Instalar dicha app si no estaba ya instalada.
Lo que antes para era una experiencia relativamente simple, tener un paquete de cable y una suscripción como por ejemplo a MLB.TV (Del cual esa si fui un “Early Adopter”), se ha transformado en un ecosistema fragmentado, costoso y cada vez más complejo. Y para nosotros los fanáticos internacionales, esa fricción se multiplica: la distancia elimina la experiencia en vivo y deja al streaming como única vía de conexión emocional con su equipo.
En 2026, esa simplicidad ha sido reemplazada por un entramado de plataformas, licencias y paquetes que pueden acercarse a los US$1,000 por temporada para un solo equipo.
Les pongo el siguiente ejemplo, soy un fanático de los Mets de Nueva York y solía ver parcialmente los 162 juegos de la temporada regular, pero ahora algunos viernes del año los Mets solo se ven por Apple TV+ (Usualmente en enfrentamientos atractivos) parte del exclusive partnershipentre MLB y el gigante de Cupertino, lo que “me obliga” a agregar esa suscripción.
Detrás de esta fragmentación hay una lógica clara que busca maximizar ingresos en un mercado en transición.
La temporada 2026 de la MLB arrancó con partidos exclusivos en Netflix (Otra suscripción) una señal de cómo el deporte en vivo se ha convertido en uno de los activos más codiciados del ecosistema digital y la razón es que el deporte sigue siendo uno de los pocos contenidos que garantiza audiencias masivas en tiempo real, lo que sostiene precios publicitarios premium.
En términos económicos, el modelo le está funcionando a las ligas:
Para las plataformas, el deporte también es una inversión estratégica:
Este incremento en derechos tiene un efecto dominó trasladando los costos al consumidor. En EE.UU. el gasto mensual promedio en streaming ya supera los US$70–90, pero los fanáticos deportivos podemos duplicar esa cifra fácilmente. El resultado es un costo acumulado cercano a los US$800–1,000 por temporada, dependiendo del consumo.
Sin embargo, el mercado muestra señales de saturación. El crecimiento de suscriptores en streaming se ha desacelerado y la rotación (churn) aumenta, especialmente cuando los usuarios nos suscribimos solo por eventos específicos.
La próxima fase de esto no será solo sobre quién tiene los derechos, sino quién logra simplificar el acceso sin sacrificar ingresos, es absurdo tener que suscribirse a múltiples plataformas para seguir a tu equipo y en un mercado donde el contenido premium ya está distribuido, la ventaja competitiva podría estar en reducir la complejidad.
Porque si algo está claro, es los fanáticos ya estamos pagando el precio, en todos los sentidos.



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